
El 2 de junio de 1999 se cumple 21 años de un hecho histórico en el fútbol argentino: 40 partidos invictos del Virrey Carlos Bianchi al frente de Boca Juniors. Ese día el Xeneize vencía en la Bombonera a Rosario Central por 1 a 0 con gol del Patrón Bermúdez, y quedaba a un paso del título. Dejó una marca en el fútbol argentino, superando la racha del Racing de Juan José Pizutti en 1966.
El Boca de Carlos Bianchi dejó una huella imborrable en el balompié argentino. En esa época, el Virrey ganó todo: tres Copa Libertadores, dos Intercontinental, y cuatro torneos locales. Pero además, batió varios récords que hasta el día de hoy siguen vigentes. Uno de ellos el invicto de 40 partidos que se produjo hace 21 años en el torneo doméstico.
La racha en realidad había comenzado el 5 de mayo de 1998 con Carlos María García Cambón, quien había asumido en forma interina ante la renuncia del Bambino Veira. Ese día Boca superaba 4 a 2 a Huracán en el Ducó, con un doblete de Néstor Fabbri, Palermo y Cesar La Plagia. Ahí comenzó una seguidilla de buenos resultados que duraron 13 meses, tras cuatro victorias y un empate de la mano de García Cambón. Después el Virrey tomó las riendas del equipo.
Por supuesto, el Xeneize obtuvo los dos campeonatos de esa temporada: el Apertura 98 y el clausura 99, título que prácticamente se aseguró aquella noche fría ante el Canalla. El equipo de Bianchi, esa noche vistió una particular camiseta azul con franja blanca. La racha incluyó 30 victorias y 10 empates. Una semana después, la exitosa campaña se rompió frente a Rosario central cayendo 1 a 0. La fecha posterior, Boca se coronaba campeón en Avellaneda pese a caer con Independiente 4 a 0.
Ese conjunto formado por el Virrey siempre quedará en la vitrina de la Bombonera. Bianchi le había dado al equipo que estaba compuesto por un arquero solido como Oscar Córdoba. En la saga dos defensores que se hacia sentir, como el Patrón Bermúdez y Walter Samuel. La solvencia en la punta izquierda de Rodolfo Arruabarrena con Diego Cagna en el medio y adelante la potencia de Guillermo y el oportunismo de Palermo. Con todo esto, el pelado formó un conjunto que no era fácil de vencer y se reponía antes algún traspié.
El grupo tenia algo que le falta, de esa época hasta acá, tener garra, temple, eficacia y talento de la mitad de la cancha hacia adelante. Pero no todo Bianchi la tenía fácil, porque había algunas internas en el vestuario, pero lo supo manejar con inteligencia y oficio. Bianchi es un entrenador que dejó una huella en la Ribera.
Nota escrita por: José María Matos
Twitter: @josema1345
Instagram: Josemaría. matos 98
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